Decretos de Dios sobre el pueblo de su Nombre
Comenzaremos esta enseñanza con entender y comprender ¿Que es un decreto?
Un decreto de un rey es una orden, determinación o mandato oficial emitido por el rey en virtud de su autoridad. No es simplemente una opinión o un deseo: es una declaración que establece lo que debe hacerse dentro del ámbito de su gobierno.
En términos bíblicos, esta idea tiene mucho poder. Un decreto real contiene varios elementos:
Autoridad: procede del quien tiene derecho a gobernar.
Palabra: el rey expresa públicamente su voluntad.
Determinación: establece lo que ha decidido que suceda.
Cumplimiento: quienes están bajo su autoridad deben responder al decreto.
Respaldo del trono: el poder del reino respalda la palabra del rey.
Por ejemplo, Eclesiastés 8:4 declara:
“Pues la palabra del rey es con potestad, ¿y quién le dirá: Qué haces?”
Y esto adquiere una dimensión todavía mayor cuando hablamos de Dios como Rey. El decreto de Dios no depende de la fuerza humana para tener autoridad. El Salmo 33:9 dice:
“Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió.”
Así que podemos expresarlo de esta manera: Un decreto es la voluntad del Rey expresada mediante su palabra y respaldada por la autoridad de su trono.
Y cuando hablamos del Rey de reyes, su Palabra tiene autoridad sobre la creación, las naciones, las circunstancias y su pueblo.
Dios decretó tener un pueblo para su Nombre.
Hechos 15:14: “Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre.”
Decreto: Dios tendrá en la tierra un pueblo identificado con su Nombre.
Dios decretó revelar su Nombre.
Isaías 52:6 “Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.”
Decreto: Su pueblo no permanecerá para siempre ignorante acerca de la revelación de su Nombre. El nombre revelado para salvación es Jesús.
Mateo 1:21: “Llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”
Decreto: El Nombre de Jesús está inseparablemente relacionado con la obra salvadora de Dios.
Dios exaltó el Nombre de Jesús sobre todo nombre.
Filipenses 2:9-11: Dios “le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla”.
Decreto: Toda autoridad finalmente reconocerá el señorío de Jesucristo.
La salvación fue proclamada en el Nombre de Jesús.
Hechos 4:12: “No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”
Decreto: La iglesia no necesita buscar otro nombre para anunciar salvación.
El arrepentimiento y el perdón serían predicados en su Nombre.
Lucas 24:46-47: “Que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones.”
Decreto: El mensaje del Nombre no debía quedarse en Jerusalén; debía alcanzar las naciones.
El bautismo apostólico fue administrado en el Nombre de Jesucristo.
Hechos 2:38: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.” Véanse también Hechos 8:16; Hechos 10:48; Hechos 19:5.
Decreto: En el relato de Hechos, el Nombre de Jesús ocupa un lugar central en la respuesta de fe de los convertidos.
Dios decretó derramar su Espíritu sobre toda carne.
Joel 2:28; Hechos 2:17: “Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne.”
Decreto: La experiencia del Espíritu no quedaría limitada a una nación, clase o generación.
Dios prometió su Espíritu a los llamados.
Hechos 2:39: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”
Decreto: La promesa de su reino continúa alcanzando a aquellos que Dios llama.
Dios decretó que su pueblo fuera santo.
1 Pedro 1:15-16: “Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.”
Decreto: El pueblo que lleva su Nombre también debe reflejar su carácter.
Dios decretó una identidad especial para su pueblo.
1 Pedro 2:9: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios.”
Decreto: La iglesia no existe sin propósito; fue llamada para anunciar las virtudes de Aquel que la llamó de las tinieblas a su luz.
Dios puso su Nombre sobre su pueblo.
Santiago 2:7 habla del “buen nombre que fue invocado sobre vosotros”.
Decreto: El pueblo redimido pertenece al Señor y lleva la identificación de su Nombre.
Dios decretó autoridad en el Nombre de Jesús.
Marcos 16:17: “En mi nombre echarán fuera demonios…”
Lucas 10:17: “Aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.”
Decreto: La autoridad de la iglesia no procede de su propia capacidad, sino del Señor cuyo Nombre proclama.
Dios decretó que todo lo que haga su pueblo sea hecho en ese Nombre.
Colosenses 3:17: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús.”
Decreto: El Nombre de Jesús no pertenece solamente al bautismo o al culto; gobierna toda la vida cristiana.
Dios decretó preservar un pueblo que no niegue su Nombre.
Apocalipsis 3:8: “Has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.”
Decreto: En medio de oposición, Cristo reconoce a quienes permanecen fieles a su Palabra y a su Nombre.
Dios decretó que su Nombre permanecerá sobre sus siervos eternamente.
Apocalipsis 22:3-4: “Sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.”
Decreto: La Biblia termina mostrando un pueblo que pertenece completamente a Dios y lleva su Nombre.
Desde “mi pueblo sabrá mi nombre” (Isaías 52:6), pasando por “llamarás su nombre JESÚS” (Mateo 1:21), hasta “pueblo para su nombre” (Hechos 15:14) y finalmente “su nombre estará en sus frentes” (Apocalipsis 22:4), podemos seguir un hilo bíblico:
Dios determinó revelar su Nombre, salvar un pueblo por medio de su Nombre, llamar un pueblo para su Nombre y finalmente tener un pueblo que llevará su Nombre por la eternidad.
Eso puede convertirse, mis amados hermanos, en un mensaje del reino muy fuerte titulado “LOS DECRETOS DEL NOMBRE: Dios tendrá un pueblo para su Nombre”, desarrollando Isaías 52:6 → Mateo 1:21 → Hechos 2:38 → Hechos 4:12 → Hechos 15:14 → Apocalipsis 22:4.
Dios decreto de que su pueblo llevará su Nombre ante las naciones.
Hechos 9:15: “Instrumento escogido me es éste para llevar mi nombre en presencia de los gentiles.”
Decreto de que su pueblo será testigo hasta lo último de la tierra.
Hechos1:8: “Me seréis testigos.”
Decreto de recompensa para quienes honran su Nombre.
Malaquías 3:16-18 habla de un libro de memoria para los que temen a Jehová y piensan en su Nombre.
El nombre Jehová se deriva del nombre hebreo de Dios escrito יהוה, representado con las letras YHWH y conocido como el tetragrámaton («cuatro letras»).
La forma «Jehová» surgió de este proceso:
1. Por reverencia, la tradición judía evitaba pronunciar YHWH y al leer decía Adonái, que significa «Señor».
2. Los escribas llamados masoretas añadieron a YHWH signos vocálicos asociados con Adonái, para recordar al lector que debía decir «Señor».
3. Lectores cristianos posteriores interpretaron esas consonantes y signos vocálicos como una sola palabra. De esa combinación surgió la forma que llegó al español como Jehová.
Por tanto, «Jehová» es una forma tradicional posterior del nombre YHWH. La mayoría de los especialistas en hebreo favorece «Yahvé» o «Yahweh» como reconstrucción de su pronunciación antigua, aunque esta no se conoce con certeza absoluta.
En el Antiguo Testamento, Dios ya se había revelado como Salvador. Isaias 43:11 "Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve" Pero en Jesús esa salvación se manifiesta de una manera decisiva: Él viene a salvar a su pueblo de sus pecados. Por eso, el ángel le indica a José que el niño debe llamarse Jesús y explica la razón de ese nombre (Mateo 1:21). Jesús, relacionado con el hebreo Yeshúa, significa «Yahvé salva». Su nombre anuncia la misión que viene a cumplir.
Mateo 1:20-23
"Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, [Salvador] porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor (Jehová) por medio del profeta, cuando dijo: 23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros."
MALAQUÍAS 3:16-18
“Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.”
1 CORINTIOS 12:3 RVR1960
“Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor «Yahweh», sino por el Espíritu Santo.”
¿Y qué hay de Mateo 28:19?
Mateo 28:19 — Reina-Valera 1960 “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.
Este mandato de Jesús, conocido como la Gran Comisión, llama a sus seguidores a hacer discípulos y bautizarlos. Para comprender a qué nombre se refiere, conviene estudiar este pasaje junto con los relatos del envío de los discípulos en los otros tres evangelios.
También debemos prestar atención a la expresión “en el nombre”, que aparece en singular. Desde la interpretación que presentamos, esta expresión, considerada junto con los demás evangelios y la práctica apostólica, apunta al nombre de Jesucristo, utilizado por Pedro y Pablo en relación con el bautismo.
El testimonio de los otros evangelios
Marcos 16:15-18 — Reina-Valera 1960
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.
Marcos destaca la predicación del evangelio, la fe y el bautismo. Al anunciar las señales que acompañarán a los creyentes, Jesús utiliza la expresión “en mi nombre”, señalando la autoridad con la que sus discípulos actuarán.
Lucas 24:46-49 — Reina-Valera 1960“Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”.
Lucas establece que el arrepentimiento y el perdón de pecados deben predicarse en el nombre de Cristo, quien padeció y resucitó. Además, relaciona esta misión con la promesa del Padre y el poder que recibirían los discípulos.
Juan 20:21-23 — Reina-Valera 1960
“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos”.
Juan presenta el envío de los discípulos, la recepción del Espíritu Santo y su responsabilidad en relación con el perdón de pecados. Estos elementos complementan el mandato registrado en Mateo.
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en relación con el nombre de Jesús
Jesús vino en nombre del Padre — Juan 5:43
“Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ese recibiréis”.
Jesús declara que vino en nombre de su Padre, expresando la autoridad y representación con las que cumplió su misión. El unico nombre que nos revelo fue su nombre.
El nombre del Hijo es Jesús — Mateo 1:21
“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Este pasaje identifica expresamente el nombre del Hijo y lo vincula con su obra salvadora.
El Espíritu Santo es enviado en el nombre de Jesús — Juan 14:26
“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.
Jesús enseña que el Padre enviaría al Espíritu Santo en su nombre. Así, estos pasajes relacionan la misión del Hijo y el envío del Espíritu Santo con el nombre de Jesús.
Desde esta comprensión, el bautismo en el nombre de Jesucristo se entiende como el cumplimiento apostólico del mandato de Mateo 28:19.
La vigencia del nombre de Jesús
El nombre de Jesús continúa siendo central en la fe cristiana. En su nombre se anuncia el arrepentimiento y el perdón de pecados, y bajo su autoridad se desarrolla la vida del creyente.
Colosenses 3:17 — Reina-Valera 1960
“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él”.
Esta exhortación abarca toda nuestra vida. Confesar el nombre de Jesús implica honrarlo con nuestras palabras, decisiones y acciones. El nombre que reconocemos en el bautismo debe acompañar nuestro caminar diario, nuestra obediencia y nuestro servicio a Dios.
Conocer el nombre del Rey no significa servirle. Puedes hablar de Él, afirmar que lo sigues y asistir a una iglesia, pero servirle exige algo más: escuchar su palabra y obedecer sus decretos. Su autoridad no depende de nuestras opiniones, y lo que Él ha establecido no cambia para acomodarse a los intereses de una organización.
Por eso debemos examinar lo que aprendemos y enseñamos. Si una organización presenta sus propias normas como si fueran mandatos del Rey, y esas normas contradicen lo que Él ha decretado, seguirlas no equivale a obedecerle. Nuestra lealtad debe estar por encima de cualquier institución, tradición o líder: le pertenece al Rey.
Así que sí importa a qué iglesia asistes. Busca una donde se enseñen fielmente sus decretos y donde se anime a vivir conforme a ellos. Pero recuerda que estar en una iglesia que enseña la verdad no sustituye tu responsabilidad de obedecerla. No basta con conocer el nombre del Rey ni con escuchar sus mandatos: hay que ponerlos en práctica.
En resumen: Dios decreta un pueblo, un Nombre, una misión, una vida santa y un destino eterno. Del “Mi pueblo sabrá mi Nombre” en Isaías, al “llamarás su Nombre Jesús” en Mateo, al “pueblo para su Nombre” en Hechos, hasta “su Nombre en sus frentes” en Apocalipsis, la línea es clara: Dios tendrá un pueblo que lleva, honra y manifiesta su Nombre hoy y por la eternidad.